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Eva Griffin

La mayoría de la gente da por hecho que la investigación y la escritura son dos cosas opuestas: una fría y basada en datos, la otra cálida y humana. Yo he descubierto que es todo lo contrario. Mi cuaderno está dividido por la mitad: una columna para los números y los patrones, y la otra para la frase que hará que esos números cobren importancia para alguien que los lea por primera vez.

Dos instintos, una práctica

Como analista, sigo las tendencias en educación y ciencias sociales del mismo modo que otros siguen los resultados deportivos: comprobando fuentes, comparando cohortes y cuestionando mis propias suposiciones antes de dar por buena una conclusión. Como escritora, traduzco ese trabajo en algo que tanto un principiante curioso como un investigador experimentado puedan utilizar sin sentirse menospreciados ni abrumados.

Cómo trabajo

  • Pruebo los marcos de trabajo con casos reales antes de escribir sobre ellos
  • Contrasto los datos con al menos dos fuentes independientes
  • Entrevisto a profesionales siempre que el tema lo permita
  • Reescribo los borradores hasta que la jerga desaparece sin perder precisión

Este último hábito es el más importante: nada de lo que publico se queda en lo puramente teórico. Si escribo sobre un método de formación o un enfoque de investigación, normalmente ya he probado alguna versión del mismo, por lo que los detalles suelen parecer vividos en primera persona, en lugar de tomados de otra parte.

Si algo de esto te resulta familiar, o si tienes alguna pregunta sobre un artículo que hayas leído aquí, ponte en contacto a través de /contact: leo cada mensaje personalmente.